Cuando se acude como invitado a un evento no es correcto rechazar un plato a no ser que se cuente con alguna razón que lo justifique (alergias, intolerancias, salud, dieta estricta o razones éticas o religiosas).

Para evitar llegar al rechazo de un plato, aunque sea de forma justificada,  lo aconsejable  es advertir con anticipación a los anfitriones para que puedan ofrecernos una alternativa.

Cuando un plato no es de nuestro agrado lo correcto es probarlo y dejar el resto de forma discreta o simular, dentro de lo posible, que se está comiendo.

En el caso de estar siguiendo una dieta estricta de adelgazamiento y no haber avisado,  lo recomendable, para evitar preguntas,  es reconocer ante los anfitriones e invitados con los que se comparte mesa cual es la razón por las que rechazamos un plato o no tocamos lo servido. Evitando, por supuesto,  hacer comentarios poco acertados como que nos abstenemos de comer carbohidratos o que solo comemos saludable.

No resulta de buen gusto intentar justificar el rechazo a un plato poniendo en duda, ante invitados y anfitriones, la calidad de lo servido o la profesionalidad del cocinero.

Un buen anfitrión debe ser previsor y contar siempre con algún plato alternativo a los previstos en el menú. Y por supuesto jamás preguntará ante el resto de los comensales la razón por la que se rechaza o no se come algo. Esa pregunta la planteará, si corresponde, en privado.

Ismael Quintana

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